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China es uno de los pocos países del mundo que tiene, distribuidos en los más distantes lugares de su territorio, una gran cantidad de monumentos arqueológicos. Y esto es más ostensible aún en las ciudades que fueron importantes centros del imperio chino, como Beijing, por ejemplo, donde es posible admirar numerosas construcciones antiguas de alto valor históricos y cultural, como la Ciudad Prohibida, el Punte de Marco Polo, el Palacio de Verano, el Templo del Cielo, el de la Tierra, las Ruinas del Parque de Yuanmingyuan, las Trece Tumbas de la Dinastía Ming, el Templo de los Lamas, etc. sin contar con las muestras de la arquitectura tradicional, como las callejuelas estrechas, los patios de las típicas mansiones de Beijing, etc. pero en los últimos años, esta metrópoli antigua se ha visto en la necesidad de enfrentar los problemas del desarrollo y la mordernidad con una nueva planificación urbana, en la que se plantea el interrogante de ¿cómo llevarla a cabo: Salvando todas las áreas de importancia histórica y cultural? ¿ destruyéndolas para construir edificios modernos?
Beijing, fue en la antiguëdad, una de las siete grandes capitales imperiales de China. Y lo fue por espacio de 800 años. Situada en el centro del casco antiguo de la ciudad, con sus 600 años de existencia y la magnificencia de su estilo tradicional típicamente chino, la Ciudad Prohibida, conocida también como Palacio Imperial, es parte del Patrimonio Universal de la Humanidad, por especial reconocimiento de la UNSCO.
Forman parte de este gran complejo arquitectónico, otros monumentos arqueológicos de gran valor, como el propio Palacio Imperial. Pero más allá de esto, en el casco urbano antiguo denominado también Ciudad Imperial, que rodea a la Ciudad Prohibida, hay otros tesoros arqueológicos igualmente valiosos como el mirador de la Colina de Carbón, el Templo Imperial de los Antepasados, los Altares para el Sol, para la Tierra y para la Luna, el Tempo del Cielo y numerosas calles y barrios en que se advierte claramente el estilo tradicional. Estos grandes monumentos de la cultura tradicional de China se mantienen intangibles frente al avance de la modernidad en Beijing. Sin embargo, otro sector es han sido parcial o totalmente afectados.
En la actualidad, la Palaza de Tian´anmen es parte del centro de Beijing. En las áreas urabanas aledañas, se han construido barrios y abierto arterias modernas flanquedas de edificos en que los nuevos estilos arquitectónicos se han impuesto sobre los de tipo tradicional. Cuatro vías modernas de circunvalación cruzan los barrios de Beijing como anillos dispuestos en forma concéntrica y una quinta se halla en construcción. Conviene aclarar que esta disposición urbanística no ha sido concebida recientemente ante el empuje del desarrollo de la ciudad: responde, más bien, a una bien razonada planificación que empezó en 1949, cuando, al fundarse la República Popular China, Beijing como capital del país, enfrentaba la necesidad de convertirse en una metrópoli internacional. El primer problema fue definir detalladamente una propia norma para adaptarse al desarrollo de la ciudad y a las condiciones históricas y para introducir un criterio que permitiera armonizar las construcciones nuevas con las antiguas.
En aquel entonces, los especialistas, ingenieros, arquitectos chinos y expertos invitados de la Unión Soviética elaboraron dos proyectos de la planificación urbanística de Beijing uno de aquellos defendido por chinos y soviéticos consistía en situar el centro administrativo del gobierno nacional en la parte antigua de la ciudad; el otro, defendido por conocidos arquitectos, planteaba ubicarlo en la parte occidental de la ciudad.
Liang Sicheng, arquitecto chino conocido en el mundo, desempeñó un importante papel en la palnificación urbana del nuevo Beijing. El fue quien diseñó el escudo nacional y el proyecto según el cual se construyó el Monumento a los Héroes del Pueblo en la plaza de Tian´anmen y durante muchos años se dedicó a la investigación y la enseñanza de la arquitectura china antigua, a la cual hizo grandes contribuciones. Liang Sicheng y sus compañeros consideraban que la construcción de un nuevo centro de administración gubernamental en la zona antigua planteaba dos dificultades. En primer lugar, resultaba muy difícil construir un centro administrativo que armonizara con el estilo arquitectónico de la parte antigua de la ciudad. En segundo lugar, el espacio disponible en dicha parte resultaba insuficiente. Asimismo, sostenían que la ubicación del nuevo centro administrativo en las afueras de Beijing, en el sector oriental, permitiría disponer de dos centros: uno en la ciudad antigua y otro en la sede del Gobierno Central.
El debate que se entabló sobre este tema entre dirigentes y arquitectos sigue todavía abierto. Finalmente, teniendo en cuenta diversos problemas de aquel momento, tales como la alta cifra de desempleados, el bajísimo nivel de vida del pueblo y otras dificultades de los primeros tiempos de la nueva China, tanto el gobierno central como el municipal y ante la carencia de recursos humanos, de suficientes materiales y de tipo financiero para construir un nuevo casco a gran escala, la remodelación urbanística de Beijing se llevó a cabo de acuerdo con el primer plan, es decir, la consistente en situar el centro administrativo en el sector de la ciudad antigua.
Como se puede advertir, Beijing emprendió una planificación de su futuro desarrollo urbano ya en los años 50 del siglo XX. Pero, influido por el modelo de Moscú, a lo largo de sus primeros 30 años, su desarrollo siguió las pautas del desarrollo industrial. Posteriormente, se cayó en la cuenta de que el desarrollo excesivo de la industria dentro de las zonas urbanas acarreaba una serie de problemas, entre ellos el tráfico y el suministro de energía y agua, que obstaculizarían el buen funcionamiento de Beijing como centro político y cultural. Por otra parte, la llegada de nuevas técnicas trajo consigo la proliferación de altos bloques de edificios, cuyo efecto estético no armonizaba con la arquitectura de la vieja ciudad, cuya protección se convirtió en una tarea apremiante.
Hoy en día, hay quienes opinan que el desorden urbanístico de Beijing se debe al rechazo de la planificación de Liang Sicheng. Aunque no les falta razón, también es cierto que tal desorden tiene raíces históricas. En efecto, en los primeros años de la nueva China la situación financiera del Estado era muy precaria, el nivel de vida del pueblo, relativamente bajo.
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