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La nueva ronda de negociaciones multilaterales de la Organización Mundial de Comercio (OMC), es decir, la ronda de Doha, no ha logrado en el año 2003 avances sustanciales. Baste mencionar la falta de resultados con la que terminó la Quinta Reunión Ministerial, celebrada en mayo en Cancún, México. Ello no sólo supuso un duro revés para la ronda de Doha, sino que proyectó una densa sombra sobre el porvenir del sistema comercial multilateral mundial. No obstante, los países integrantes de la OMC ya han dado por sentado que ése es el sistema que puede fomentar el desarrollo económico y la opinión pública desea que en las próximas negociaciones dichos países muestren su flexibilidad y su voluntad política, y reinicien y promuevan lo antes posible la agenda de desarrollo de la ronda de Doha.
En la ceremonia inaugural de la reunión de Cancún, el secretario general de la ONU enfatizó lo siguiente a través de su enviado Rubens Ricupero:
“Los ministros asistentes tienen una gran responsabilidad, ya que las decisiones tomadas en esta reunión afectarán a varios millones de personas; las situaciones de pobreza y riqueza, e incluso la supervivencia y la muerte, registrarán cambios”.
Sin embargo, la situación del sistema comercial multilateral mundial no es muy alentadora. En el año que pronto terminará, la nueva ronda de negociaciones se ha estancado. Debido a las grandes divergencias entre las partes implicadas, ya han expirado los plazos fijados en las negociaciones establecidas por la Conferencia de Doha; además, los módulos de las negociaciones sobre los productos agrícolas y no agrícolas todavía no han salido.
En opinión de nuestra corresponsal en México, Wang Jufang, el sistema comercial multilateral mundial ha llegado al momento clave de afrontar una serie de serios desafíos:
“El hecho más grave es que los países desarrollados intentan controlar las negociaciones comerciales multilaterales. Prueba de ello es que en vísperas de la reunión de Cancún, EE.UU. y la Unión Europea acordaron un proyecto transigente sobre productos agrícolas, pero en el que no se tenía en cuenta la posición de los países en vías de desarrollo, que siguen marginados del proceso de las negociaciones. La insuficiente atención prestada a la voz de los países miembros en vías de desarrollo constituye el motivo del fracaso de la conferencia de Cancún y del estancamiento de la ronda de Doha.
En segundo lugar, los desequilibrios en el desarrollo económico mundial se han agudizado, de modo que mucha gente ya desconfía de la eficacia del sistema de comercio mundial multilateral.
Y por último, el libre comercio regional ha tenido cierta influencia negativa en dicho sistema. Cada vez hay más miembros de la Organización Mundial del Comercio, sobre todo países desarrollados, que reaccionan al estancamiento de las negociaciones sobre el comercio multilateral abandonando el marco que éste les ofrece y buscando un comercio regional.”
Como han señalado personalidades perspicaces, la tendencia hacia la globalización económica y el comercio mundial multilateral es irreversible; la eliminación de las barreras al comercio multilateral, así como el establecimiento de un sistema justo y razonable benefician no sólo a los países pobres y en vías de desarrollo, sino también a los ricos y desarrollados. En la ceremonia de clausura de la conferencia de Cancún, el director general de la Organización Mundial de Comercio, Supachai Panitchpakdi, declaró:
“Tengo que reconocer que me siento muy decepcionado por los resultados de esta conferencia; pero no he perdido todas las esperanzas. Creo que los miembros de la Organización Mundial de Comercio deben seguir dedicándose a promover la agenda de la reunión de Doha sobre la base de los útiles logros de esta reunión. Este es nuestro único camino y no podemos abandonarlo.”
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