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La crisis del síndrome respiratorio agudo y grave (SARS) ha hecho sonar las alarmas de las autoridades de Beijing en lo referente a planificación urbana, y el pánico creado por la enfermedad ha impulsado a muchos beijineses a buscar viviendas más grandes, mejor equipadas y localizadas en las afueras.
De acuerdo con una encuesta sobre los compradores de viviendas de Beijing, llevada a cabo por la Compañía Market-Expert, el 64.5 por ciento muestra mayor interés sobre las condiciones de ventilación, mientras que el 44.4 por ciento prefiere un ambiente ecológico más sano en sus barrios residenciales. Además, el 13.4 por ciento tiene la intención de comprar viviendas en las afueras de la ciudad.
El vírus de SARS ha debilitado la confianza de los habitantes urbanos en los apartamentos baratos en las zonas densamente pobladas, donde se corre el mayor riesgo de propagación de epidemias. El complejo Amoy Gardens de Hong Kong, donde hubo varios casos de neumonía atípica, es un claro ejemplo.
Como consecuencia, las viviendas construidas en las afueras de la ciudad se venden mucho más ahora, a raíz de la crisis. Sin embargo, para el tráfico local eso supone una gran presión, pues cada día un número creciente de personas conducen sus automóviles entre la capital y los suburbios.
La zona residencial de Huilongguan, en las afueras, acoge ahora a casi 300,000 personas. La falta de instalaciones comerciales en el lugar supone pocas oportunidades de empleo para los habitantes locales, que siguen teniendo que ir a la ciudad para trabajar. Como resultado, son frecuentes los atascos en el peaje de la autopista que lleva a Beijing.
El profesor Wu Jiangyong, de la Academia de Ciencias de China,
considera que estos casos son un alarmante problema de planificación urbana anticuada e inadecuada.
"La función del empleo en Beijing se limitó en las áreas centrales y las circunvalaciones, una distribución que ha frenado el desarrollo equilibrado y puede agravar los presentes problemas sociales si no se revisa", indicó Wu.
El erudito pidió un rápido reajuste en la planificación urbana
para dispersar las funciones sociales y parar el incremento de la
densidad de población en el centro de la ciudad.
"Eso no sólo beneficiará la protección de la antigua capital, con un importante patrimonio histórico y cultural, sino que también aliviará la presión demográfica y la del tráfico en la ciudad", señaló el profesor.
Wu destacó que hay que diseñar y construir corredores especiales para unir los núcleos de población suburbana.
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